KOMMUNISTISCHE PARTEI ÖSTERREICHS

Otro mundo es posible

Tesis de la Dirección Federal del Partido Comunista de Austria (PCA) sobre la globalización capitalista, el neoliberalismo y el „Movimiento de Seattle y Génova“
(aprobadas por la Dirección Federal el 04.11.01 como documento base de discusión)



Definición de conceptos:

„Globalización“ abarca una cantidad de procesos entrelazados entre sí: un creciente movimiento transnacional de capital, bienes y personas; redes cada vez más unidas a través de nuevas tecnologías de comunicación; una división de trabajo a nivel internacional más compleja a través de la diversificación y traslado de la producción de artículos y prestación de servicios en/a distintos lugares; un flujo más rápido de ideas, imágenes así como de patrones y artículos de consumo; una creciente conciencia de los riesgos y peligros que amenazan al mundo en su conjunto; un aumento de la cantidad e importancia de instituciones transnacionales así como de los movimientos políticos entrelazados globalmente.

1. Con los movimientos críticos a la globalización o “anti-globalizadores“, cuyas acciones han causado sensación mundialmente, ha surgido un nuevo factor de lucha contra el dominio del capital y de los estados poderosos. Partiendo de movimientos y organizaciones con distintos intereses temáticos o inclinaciones ideológicas, se forma desde finales de los años 90 una red global contra la globalización neoliberal. Este movimiento heterogéneo no está en contra de una globalización de las relaciones políticas y sociales, que son a su vez expresión del desarrollo de las fuerzas de producción, sino se coloca en contra de su forma actual, definida por el capitalismo, así como en contra de sus consecuencias inhumanas y destructivas. Opone a los actores de la globalización capitalista la demanda por un desarrollo alternativo del mundo (de la sociedad mundial). “Otro mundo es posible”.

La amplitud de los grupos y personas que participan en la diversidad de acciones de protesta y resistencia alcanza desde los grupos de izquierda radical y quienes apoyan el levantamiento zapatista, pasando por sindicatos comunistas, hasta grupos liberales pro-ecologistas. El lugar de los y las comunistas está al lado o bien en las filas de estos movimientos.

Tanto las demandas, como también las formas de organización, acción y lucha de los nuevos movimientos abarcan un amplio espectro que toma como referencias desde planos macroglobales hasta niveles regionales, nacionales y locales: el mínimo (o también máximo) común denominador del movimiento es la demanda por un nuevo orden mundial más democrático, el cual, sin embargo, es ubicado por muchos de los grupos en el marco de un sistema capitalista „domesticado“.

Este desarrollo es acompañado por nuevas formas de organización y de alianzas, las cuales pueden ser agrupadas bajo el concepto de redes, así como de una nueva cultura política de cooperación entre los distintos grupos. El movimiento contra la globalización capitalista se apoya predominantemente en innumerables grupos e iniciativas locales, si bien comunicados entre sí, pero que no se sujetan a un programa común ni mucho menos a una dirección central.

Entre las ONGs, movimientos sociales, partidos de izquierda y diversas redes, los y las cuales forman en su núcleo el así llamado „Movimiento de Seattle“ existe un amplio consenso sobre algunas demandas, las cuales se plantean repetidamente en distintos contextos, tales como la condonación de la deuda para los así llamados países en vía de desarrollo, la tasa Tobin, la abolición del „gobierno mundial extraoficial“ del FMI, Banco Mundial y la OMC.

2. El proceso conocido generalmente como globalización y el cual entendemos como una globalización capitalista, se basa en la crisis utilitarista que llevó, entre finales de los años 60 y mediados de los 70, al sistema regulativo fordista hasta sus límites.

Esta estrategia apunta esencialmente a la destrucción del marco regulativo político, social y legislativo, que había sido formado -en disputa- en el período de estado de bienestar fordista de desarrollo capitalista, así como a la consecusión de un amplio principio de competencia, que encontró su expresión, primeramente, en la orientación de los estados nacionales según su política de ubicación (desde “estado de seguridad” hasta “estado de competencia”), para, finalmente, definir a los individuos mismos como sujetos de mercado en competencia permanente con sí mismos en el marco de la así llamada “New Economy”.

Este proceso se impuso inicialmente en los estados industrializados occidentales y, globalmente después del derrumbamiento de los estados socialistas, globalmente. Evolución ésta que no transcurrió sin quiebres, según un plan general o que no se impuso según reglas naturales, sino que debe considerarse más bien como el resultado de conflictos y luchas a distintos niveles: lucha de clases en el marco nacional-estatal, conflictos por distintos intereses de estados nacionales, conflictos entre bloques imperialistas.

Estos resultados, por supuesto, han modificado tanto las perspectivas como también las condiciones de lucha para las fuerzas de izquierda y progresistas.

Sin embargo, lejos de haber perdido su carácter explotador y opresor, el capitalismo del siglo 21 se diferencia en aspectos esenciales del que conocemos de principios del siglo último.

Ello exige de nosostros -así como también por otro lado del movimiento contra la globalización capitalista- continuar desarrollando nuestros conceptos teóricos sobre el capitalismo. El concepto de “Fordismo”, ligado a Antonio Gramsci, permite una periodización del desarrollo capitalista del siglo 20, especialmente en relación con los cambios sufridos por el capitalismo a finales del mismo como producto de la utilización de nuevas tecnologías.

La ciencia social marxista entiende bajo el Fordismo tradicional una producción basada en la gran industria y racionalizada por la división de trabajo y la tecnificación. A la misma corresponde la organización jerárquica de construcción, desarrollo, producción y distribución. La capacidad de adquisición de las masas que aumenta con la productividad laboral asegura la venta de artículos de consumo manufacturados para las masas. Sobre esta base se desarrollaron, especialmente después de la segunda guerra mundial la regulación keynesiana de la demanda y la regulación social estatal.

La época fordista de desarrollo capitalista se caracterizó en los estados industrializados occidentales por un acuerdo de clases, el cual prevía estándares sociales y condiciones de trabajo relativamente estables y reglamentadas para una gran parte de la población asalariada, así como salarios relativamente altos para el personal principal. Condiciones marco que no sólo sostuvieron el consumo de masas - y con él producción de masas estandarizada, típica del fordismo -, sino a la vez, garantizaron simultáneamente la lealtad de los/as trabajadores/as en los conflictos del sistema.

El neoliberalismo es la estrategia de solución de conflictos que, en conexión con un rápido desarrollo de las fuerzas productivas (p. ej. procesamiento de datos y tecnologías de comunicación) hacia finales de los años 70 y a lo largo de la década de los 80, se fue imponiendo o bien fue impuesta, inicialmente en los estados industrializados occidentales, sustituyendo crecientemente la forma de producción fordista.

Este proceso tuvo como consecuencia profundas transformaciones en las relaciones de género debido a la modificación específica de género en el empleo, las formas de resolución en el tercer mundo, la resultante discusión sobre el trabajo en sí, así como por nuevos momentos en la política familiar.

3. El neoliberalismo apunta a una transformación de las estructuras económicas mundiales. Su meta consiste en someter a todo el globo terráqueo bajo las necesidades de aprovechamiento del capital transnacional y de sus instituciones.

Este proceso de sumisión tampoco se desarrolla libre de contradicciones de parte de los poderosos. Los conflictos se reflejan en variantes distintas de reacciones a la disolución del Fordismo, pero también en las diferentes estrategias de las potencias capitalistas en el marco económico mundial. Finalmente también debido a ello han fracasado la última ronda de la OMC en Seattle, o bien las necociaciones sobre el AMI. Otros síntomas son también la guerra del Euro contra el Dólar y los conflictos bélicos y sanguinarios en Africa Central y los Balcanes.

La profundización de los contrastes económicos trae también consigo la agudización de las rivalidades políticas y militares. Las valoraciones respectivas de la relación entre el monopolio capitalista y la agresividad imperialista se confirman precisamente hoy en día.

La contradicción de estos procesos de formación puede observarse en particular medida en las nuevas doctrinas de seguridad de la OTAN y de la UE. Por un lado, tanto la OTAN (Washington, 1999), así como también la Política Común Exterior y de Seguridad (“GASP”) de la UE (Helsinki, 1999) se orientan partiendo de escenarios de amenazas ampliados, que se centran en la contención de potenciales focos de conflicto ‘out of area’. Con ello se persigue predominantemente cimentar en términos de política de seguridad el proceso forzado e instucionalizado de la globalización capitalista conocido bajo el título de Nuevo Orden Mundial después del derrumbe de los estados socialistas. Las estructuras militares de la OTAN y de la UE con tal fin han sido entrelazadas. Al mismo tiempo, el plano de la política de seguridad conforma un campo de luchas hegemoniales interimperialistas, el cual se ve reflejado, entre otras expresiones, en la reestructuración de la industria armamentista europea, la cual se coloca con ello decididamente en competencia directa de los respectivos consorcios estadounidenses.

Globalización significa por lo tanto militarización, y también en relación a la así llamada seguridad interna. No sólo desde el 11 de septiembre la desaparición de las fronteras para los mercados de artículos y capitales es acompañada por la demarcación cada vez más rígida de fronteras y su militarización tanto respecto a los/as inmigrantes, como también en relación a los así llamados/as perdedores/as de la modernización. La globalización capitalista en avance significa consecuentemente una forzada ampliación del estado de vigilancia, tanto a nivel de estado nacional como de estado supranacional.

4. Actores políticos tradicionales, tales como partidos y sindicatos reaccionan de manera diferente de cara al movimiento anti-globalizador y los sujetos del mismo. Mientras algunos partidos se orientan relativamente rápido en función de una coordinación estrecha con el movimiento -aún quedándose en muchos casos arraigados en “fantasías de vanguardia”-, el movimiento sindical internacional ha tomado contacto con las redes del movimiento hasta la fecha sólo en forma de algunos pequeños sindicatos nacionales. Sin embargo, en términos de las correlaciones dentro del movimiento, algunos de ellos (especialmente en Estados Unidos) fortalecen en no pocos casos el ala derecha nacionalista-proteccionista del movimiento.

Para partidos y movimientos de izquierda, también para el PCA, es interesante, entre otros factores, el carácter del movimiento antiglobalizador como “punto de cristalización de movimientos sociales después de años de parálisis política” (U. Brand), que vincula luchas nacionales y locales con el plano internacional, y que fortalece y crea cajas de resonancia para una diversidad de demandas reivindicativas. En este contexto, nuestra política (política comunal, relaciones internacionales, política sindical, etc.) se ve consecuentemente exigida en todos sus aspectos y enfoques.

Los y las comunistas buscan el diálogo con todos/as los/as críticos/as progresistas de la globalización capitalista. De acuerdo a su autoconcepto se sienten identificados particularmente con aquéllos sectores del movimiento que reconocen en el capitalismo la base fundamental de la injusticia reinante globalmente. Los y las comunistas aprenden del y con el movimiento anti-globalización-capitalista, y aportan a la vez con sus propios conceptos a la discusión, especialmente en el sentido de que “un mundo más justo” no puede lograrse junto con los consorcios transnacionales, sino en lucha contra los mismos; que el gobierno mundial informal debe ser abolido y que organizaciones internacionales tales como la ONU necesitan reformas fundamentales para cumplir realmente con una función en pro del establecimiento de la justicia internacional.

Además de ello, la estructura del movimiento como red se muestra cada vez más como una estructura de organización adaptada a las circunstancias de hoy en día, en comparación con otras diversas alianzas y estructuras internacionales tradicionales y organizadas homogéneamente. Al final de cuentas, la fuerza explosiva anticapitalista del movimiento surge de una red de innumerables micropolíticas, las cuales,en su diversidad, perciben la totalidad del capitalismo y lo confrontan con contradicciones y alternativas.

Los y las comunistas deben participar activamente en los movimientos antiglobalizadores o críticos de la globalización, tales como el Foro Social Europeo, ATTAC u otros. El PCA participará naturalmente de nuevo en las preparaciones de las manifestaciones contra el Congreso del Foro Económico Mundial en Salzburgo.

Los y las comunistas participan activamente en las redes internacionales de los movimientos. Conjuntamente con otros partidos europeos de izquierda y ONGs queremos jugar un papel activo en la preparación del Foro Social Mundial en Porto Alegre (Brasil), encuentro en el cual se deberá lograr contraponer un programa de globalización desde la base ante la globalización de los poderosos. En el marco del Foro de Sao Paulo, así como en otros espacios internacionales y regionales, el PCA fortalece su cooperación con un amplio espectro de partidos progresistas, izquierdistas, revolucionarios, socialistas y comunistas.

Redes internacionales exigen, sin embargo, un pensamiento que respeta la diversidad y las particularidades culturales. El respeto a la diversidad es un principio político, cuya aplicación se traduce en dinamismo.

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